Los mixes ante el corredor interoceánico

Ana Matías Rendón*

En las múltiples alianzas y confrontaciones antiguas, hay unas que son significativas para entender la presencia de los pueblos mixes ante el paso interoceánico. El bloque de los mixes, popolucas y chinantecos poblaban gran parte de lo que hoy es Coatzacoalcos; mientras que, en el paso intermedio, estaban los mixes, zoques y choles; el istmo era ocupado por mixes, chiapanecas y zoques. Estos pueblos eran aliados. En toda esta franja también se podían encontrar tseltales, tsotsiles, tojolabales, entre otros grupos. En contrapartida los zapotecos (las élites de Valles Centrales), mixtecos (cercanos a los anteriores) y nahuas de la Cuenca de México (posteriormente, tlaxcaltecas), formarían una alianza con los hispanos, quienes pretenderán apropiarse del territorio del corredor. Las rencillas de mixes contra zapotecos y mexicas eran muy antiguas, al igual que su cercanía con algunos grupos mayenses. El punto es que varias comunidades mixes poblaban el tránsito entre las dos costas oceánicas.

Los españoles emprendieron los ataques por el lado de Coatzacoalcos, aunque sin las pretensiones por abarcar el paso transístmico. El asunto cambia cuando Moctezuma Xocoyotzin le indica a Hernán Cortés de las tierras con metales preciosos, ubicadas en la zona mixe, de este modo inicia la ambición por aquellos lares. La decisión de Moctezuma por complacer al hispano se comprende, sin embargo, dicha información tendrá mayores implicaciones para todos los involucrados. Posteriormente, Cortés encontrará en las élites zapotecas sus mejores aliados, así, después de varias guerras y años, los zapotecos serán los encargados de alzar villas y controlar la zona del istmo a la ciudad de Antequera, algunos tlaxcaltecas también se asentarán en la región; los españoles serán los menos, pero tendrán el poder político y militar. Los señoríos mixes de Jaltepec y Quetzaltepec, que comprendían varios pueblos, quienes estaban en la región del istmo, serán divididos; las personas serán asesinadas, huirán o serán esclavizadas para la construcción de las villas zapoteca-españolas. La alianza enemiga también presionará del lado de Totontepec (mixe). Después de las bajas en la zona interoceánica, los pueblos ayuuk o mixes mantendrán a raya a los enemigos para evitar su incursión a las montañas, por lo menos bélicamente, porque luego vendrán los procesos religiosos y administrativos por los cuales los peninsulares entrarán.  En consecuencia, la ambición por las riquezas de la serranía quedó suspendida.

Los puertos eran rutas comerciales muy importantes, permitían los intercambios de productos, al igual que se prestaban al contrabando de personas esclavizadas, a la colonización de las tierras y como puntos de estrategia bélicos. Cortés, en un principio, eligió Acapulco como puerto y astillero, pero al ser un lugar agreste para abrir vías terrestres, el istmo era una mejor opción, ya que se podía atravesar por tierra hacia otros lugares, como la Cuenca de México, y, por el río Coatzacoalcos, acortar la distancia hacia Veracruz. El funcionamiento de los puertos fue alternado e intermitente durante el Virreinato, los diferentes conflictos, naturales (zona geográfica y clima) como sociales (revueltas de africanos y guerras contra los originarios, entre ellos, mixes), impidieron un funcionamiento óptimo. Las carreteras que enlazaron los lugares, más transitables para las cargas de los peninsulares, se fueron dando paulatinamente en el siglo XVI y XVII. En el istmo, el puerto que mejor funcionó fue el de Huatulco, por ser un astillero de barcos, abrir ruta hacia la zona sur del continente –sobre todo para Panamá, el cual también tiene su propia historia como paso terrestre entre océanos, además del Virreinato de Perú–, y ser un atracadero para las huestes españolas. En este embrollo, Panamá tampoco puede pasar desapercibido como un sector mercantil y de control político, el enlace a éste es de suma importancia, aún en la actualidad.

En una época en que España y Portugal competían por el imperio marítimo y la colonización de las tierras indígenas, los puertos resultaron ser la abertura a las riquezas y las ganancias bélicas, de ahí la importancia del Istmo, que no sólo conectaba los puntos entre los océanos, sino también en los enlaces con Europa y Asia. Lo mismo que sucede actualmente, sólo que las estrategias han cambiado y los intereses se han afinado.

En el siglo XVIII tenemos un mejor control de las rutas marítimas y en las carreteras terrestres. Puertos como los de Veracruz, San Blas y Acapulco trajeron buenos dividendos mercantiles, tanto legales como del contrabando. Lo cual cambiaría para el siguiente siglo con los conflictos políticos por asentar un gobierno, aunque Benito Juárez para obtener ventajas bélicas sobre los conservadores pretende ceder el paso interoceánico a perpetuidad a los Estados Unidos en el tratado McLane-Ocampo (1859), lo cual no sucede por el rechazo del senado norteamericano para evitar conflictos con los separatistas sureños, pero queda asentado que sigue siendo un tránsito ambicionado y conflictivo, pues en el tratado se le da derecho al ejército norteamericano de participar en la defensa de los puertos y del camino interoceánico para cuidar los bienes mercantiles. No está demás indicar la fortuna que se tuvo que dicho tratado fuera rechazado.

En el porfiriato regresa la inquietud por controlar el camino interoceánico, para entonces los mixes han sido desplazados del istmo para el interior de las montañas y la zona, básicamente, es zapoteca con ciertos pueblos mixes atrapados entre sus municipios –en el lado veracruzano quedan pocos pueblos ayuuk que tendrán que seguir desplazándose–. Porfirio Díaz establece las comunicaciones que hoy día continúan y que pretenden ser “modernizadas”. En este nuevo propósito es Salina Cruz el que toma preponderancia. Así se abre la línea ferroviaria del Istmo hacia el bendito puerto de Coatzacoalcos. El camino entre los océanos, por fin, es una realidad en las ambiciones del proceso de dominación. Asimismo, la obra portuaria está en funcionamiento para ser un enlace hacia el sur del continente y Asia. Poco después el puerto de Panamá también se terminaría y, con los cambios posrevolucionarios que tiene México, cobra su apogeo para el mundo. El funcionamiento del paso transístmico vuelve a quedar sepultado.

Los pueblos mixes, entre los años 20´s y 60´s atraviesan conflictos internos muy fuertes, pues los cacicazgos de Daniel Martínez (Ayutla) y Luis Rodríguez (Zacatepec) dejan fracturas intercomunales en su intento por controlar toda la región mixe, fomentando las instituciones estatales y federales como mediadoras entre el Estado y los pueblos. Si bien, la creación del Distrito Mixe en 1938, impulsado por Rodríguez y respaldado por Lázaro Cárdenas, parece tener un lado positivo, pues permite que gran parte de la región sea delimitada, en realidad, Rodríguez pretendía controlarla. En el Virreinato la región mixe no fue visibilizada jurídicamente, como sucede con otros pueblos en la actualidad, que política y geográficamente son reconocidos dentro de municipios o distritos de otros grupos. Esto por supuesto, trae diferentes conflictos. Si bien, ser incluidos dentro de una familia lingüística no significa que los poblados tendrán los mismos propósitos, los problemas se agrandan cuando los pueblos son delimitados geográfica y jurídicamente a otros, cuyos idiomas son distintos y han tenido enfrentamientos milenarios. Así, durante el Virreinato los mixes fueron enmarcados en jurisdicciones zapotecas –aunque los pueblos mixes dieron constantes batallas–, lo cual continuó en el siglo XIX. La creación del distrito mixe delimitó cierta zona con la mayor parte de los pueblos, pero los que seguían dentro del istmo, su demarcación siguió siendo zapoteca.

Los caciquismos que duraron medio siglo abrieron una brecha en las relaciones intercomunales que tuvieron que irse subsanando poco a poco –aún se siguen manifestando sus efectos–. Es entendible los conflictos que surgen de la vida inter y trans comunitaria en la región, algunos de los cuales tienen larga data, pero también queda claro que los surgidos con los gobiernos externos con pretensiones de dominación no tienen soluciones inmediatas y a corto plazo. En este punto, es necesario aclarar que es mejor hablar del Ayuuk Kajp, traducido como Pueblo Mixe, antes que el Distrito Mixe, pues engloba de forma representativa a los pueblos que están en la región istmeña y veracruzana, los cuales por las razones jurisdiccionales son reconocidos dentro de la región zapoteca del istmo, mientras que en el lado veracruzano ni siquiera son visibilizados.

A partir de Cárdenas, el proyecto transístmico se vuelve una especie de sueño inalcanzable, pero no por eso, las intenciones dejan de ser amenazantes. No está de más enfatizar que las ambiciones políticas por el control del paso entre océanos, tiene de fondo el despotismo económico de las grandes empresas. En el proyecto porfirista participó la empresa británica Pearson que obtenía las ganancias e influía en las políticas públicas, amén del despojo a las tierras de los pueblos indígenas. Esto que comenzó en el Virreinato con empresas particulares se volvió un artilugio político-económico que sigue en nuestros días. Así, la participación de empresas multinacionales y, posteriormente, transnacionales es una constante, como casi todo, en Latinoamérica, sólo que ya no se trata únicamente de compañías estadounidenses sino canadienses y chinas.

Cárdenas, por su lado, con la recuperación del petróleo intentó desarrollar el puerto istmeño, abriendo la puerta a la importancia que tendrá el hidrocarburo, igualmente, para el desarrollo de la naval y otras industrias que tendrán impacto económico para el país.  En los años setenta y ochenta se llevaron a cabo diferentes estudios y proyectos para modernizar el istmo y quizá el que tuvo mayor influencia para los proyectos actuales, sea el Plan Alfa-Omega de José López Portillo, en el que la refinería fundada en los setenta daría su apogeo para que Salina Cruz se volviera una productora y distribuidora petrolera y sus derivados. En el proyecto se propone la mejora de un sistema de transporte transístmico, la creación de un parque industrial y una planta de fertilizantes en Salina Cruz, pero pronto será cancelado, lo que deja es la construcción de un nuevo oleoducto (Nuevo Teapa-Salina Cruz). Las crisis de los años ochenta echarán por tierra los planes.

Durante los setenta a los noventa también las organizaciones indígenas con integrantes de diferentes grupos, entre ellos mixes, zapotecos y mixtecos, fueron creciendo para oponerse al despojo de tierras y evitar la industrialización que afectaba los cultivos y fomentaba el camino hacia la extracción de minerales. Las estrategias de desaparición y tortura, que eran parte de los países sureños dejados por las dictaduras, igualmente, se producían en nuestro país, no por nada el priismo fue la “dictadura perfecta” y se persiguió a los indígenas que participaban en los movimientos sociales. La creación de carreteras a pueblos enclavados en las serranías tenía la intención de seguir el proceso de dominación por siglos, constantemente, interrumpido. Así ya no se trataba sólo del paso transístmico sino de las zonas aledañas, los territorios que no pudieron ser arrebatados durante el Virreinato. La zona de carreteras desde y para el Istmo se volvieron prioridad, al igual que para la conexión con el puerto de Coatzacoalcos y, en el caso de la sierra mixe, podemos ver cómo las carreteras siguieron la estrategia para adjudicarse el mármol, la arena, el zinc, la plata y el oro, entre otros recursos. Los caminos también fueron aprovechados por el narcotráfico que se fue incrustando en la región pues las tierras montañosas son fértiles para múltiples cultivos. Los pueblos mixes no sólo tienen que luchar contra el avance del Estado y las empresas extranjeras, sino con los cárteles que intentan apoderarse de las tierras.

En la presidencia de Ernesto Zedillo se retoma el plan Alfa-Omega, ahora con el fomento a la privatización, incluyendo al petróleo. La recaudación de inversión extranjera pretendía competir con Panamá por las posibles ganancias, así se profundizó en ciertas técnicas de intimidación tan comunes en Latinoamérica. Lo que es pertinente mencionar es que las rencillas milenarias entre los pueblos originarios (llámese de cualquier lengua y cultura, incluso las que coindicen en variantes) han tenido que encontrar treguas esporádicas, para luchar en un frente común.

En el nuevo siglo con Vicente Fox fueron retomados los planes del corredor en enlace con el plan Puebla-Panamá. Este megaproyecto resultaba muy ambicioso, se trataba de enlazar a Oaxaca, Veracruz, Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, es decir, la ruta de lo que hoy se pretende con el gobierno de López Obrador con el tren maya (la península), el tren de Campeche a Veracruz (pasando por Chiapas) y el paso interoceánico Coatzacoalcos-Istmo. Además, como un plan internacional, se comunicaría con los países centroamericanos (los megaproyectos que hoy día están instalados en Guatemala, Belice, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica y, por supuesto, Panamá), sin olvidar que los puertos abrirían las vías hacia Europa y Asia. Una infraestructura sin precedentes con inserción de capital de corporaciones de diferentes países. Este proyecto no surgía en la nada, respondía a las nuevas macroeconomías. Indudablemente, estamos en la era de las macroeconomías, de los megaproyectos, en donde las fronteras políticas sólo sirven para maniobrar en territorios específicos, pero son las grandes compañías extranjeras las que demarcan las nuevas fronteras, son las economías las que hacen surgir los gobiernos que se requieren para que los proyectos cumplan su fin. Así, en Latinoamérica comenzaron fuertes procesos de despojo y desplazamiento de comunidades indígenas para construir represas, oleoductos, vías de comunicación, parques industriales; para reencausar ríos, reproyectar las energías renovables en hidráulicas y eólicas, explotar las minas a cielo abierto… todo bajo el discurso de progreso para abatir la pobreza, pero quienes se llevaban todo, eran los mismos de siempre, aunque hubieran cambiado los nombres y las máscaras.

En cada gobierno las luchas sociales han impedido que los planes sobre el corredor interoceánico se lleven a término, aunque cada sexenio ha contribuido a avanzar en el proyecto, por lo que no es un asunto del gobierno en turno, sino de un sistema capitalista-neoliberal en manos de las grandes compañías. Igualmente, es preciso resaltar que las luchas sociales encabezadas por los pueblos originarios no son de esta época, pertenecen a una lucha de siglos. 

Con lo anterior, es evidente señalar que Fox fracasó, pero Felipe Calderón lo volvió a intentar con el Programa Maestro de Desarrollo Portuario de Salina Cruz, promoviendo la operación del ferrocarril y la creación de terminales para el puerto istmeño y veracruzano. Lo que se puede ver en este periodo, sobre todo con el programa estatal de Oaxaca, es la indudable intervención de empresas privadas. En el Programa Maestro de Desarrollo Portuario 2006-2011, por la Administración Portuaria Integral de Salina Cruz S.A. de C.V, se nota la preocupación por las vías de comunicación terrestre y marítima, así se menciona el bajo volumen en la transportación, al igual que se espera que haya mayor privatización. Las terminales de contenedores en los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos siguen en la mira para hacer posible la mercantilización. Algo que está en medio de estas vías de comunicación son los tiempos –resalta a diferencia de planes de antaño–, pues si bien se cuenta con la autopista que atraviesa el corredor –y carreteras aledañas que enlazan a otros estados y puertos–, la transportación en camiones de carga y tractocamiones sigue siendo lenta (7 a 8 horas a diferencia de automóviles que pueden hacer el recorrido en la mitad del tiempo), además de que este tipo de transporte tiene gran importancia para la movilidad de materiales y productos industriales como para la distribución de hidrocarburos. Esta es una de las carreteras más utilizadas por camiones de carga, así que el bloqueo por las movilizaciones sociales del magisterio oaxaqueño, colectivos en defensa del territorio y comunidades originarias conllevan grandes pérdidas económicas para las empresas, como presiones políticas a los gobernadores. Al mirar los bloqueos constantes a las carreteras, podemos percibir las preocupaciones de los diferentes niveles de gobierno por controlar mejor la zona.

Si bien, el tren recorre el paso interoceánico, en las últimas décadas, su mantenimiento se ha ido encareciendo, haciendo que sean las carreteras las que sostengan la mayor transportación, por lo que los intentos por modernizar las vías se ha hecho una necesidad para los intereses transnacionales. Cabe indicar que la mayor parte de la red ferroviaria que va del istmo a Veracruz son de la empresa Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec (FIT), aunque es operada por Ferrocarriles Chiapas-Mayab (FCM), la cual también tiene adjudicadas para su gestión desde 1999 los tramos correspondientes a la Línea Mayab (Valladolid-Mérida-Campeche-Coatzacoalcos) y la Línea Chiapas (en frontera con Guatemala, al puerto de Salina Cruz), adjudicación que terminará en el año 2049. Otra empresa que es de hacer notar es Ferrocarriles del Sureste (FERROSUR), pues la vía de Tehuantepec se conecta en Coatzacoalcos con la estación de FERROSUR. Así tenemos que el ambicioso proyecto creado en los albores del nuevo siglo sigue tan vigente como en sus inicios.

Ahora bien, mencionar algunas empresas de concesión ferroviaria no quita la intervención de otras muchas industrias que están involucradas en la realización del megaproyecto, como es Minsa, la cual desde el 2004 requiere de las vías para la transportación efectiva a diferentes estados, igual que DICONSA o Petróleos Mexicanos.

En estos años se acrecientan los estudios y análisis también para las zonas aledañas al corredor que “afectan” o “inciden” en el sistema entre puertos, por lo que se reformula el plan estratégico. Las consultorías privadas crean nuevos proyectos de factibilidad y logística, y en estos nuevos planes no podemos dejar pasar que se requieren de las zonas “aledañas” o de “influencia” para concretar los propósitos, pues en estas zonas están los pueblos con los recursos humanos y naturales, obviamente, el agua. Entre estas comunidades de “influencia” están los mixes cuyos territorios se requieren para el funcionamiento del sistema. Este proyecto, por supuesto, igualmente, busca neutralizar los pueblos de “incidencia”. El Ayuuk Kajp (Pueblo Mixe), si bien se ha ido preparando para hacer frente a los nuevos desafíos –con diferentes estrategias que van desde lo cultural, social, y lingüístico, a lo económico y político–, también tiene ciertos personajes que al unirse a la política o trabajar para las empresas juegan un papel detractor.

Los neoproyectos sobre el corredor interoceánico planean una macroestructura en el que los puertos sean verdaderas terminales de contenedores mercantiles, permitan los parques industriales, las energías eólicas, producción y distribución de hidrocarburos, el crecimiento de las manufactureras, tanto nacional como internacional, a costa de los daños ecológicos, los asesinatos y el despojo territorial. Para contrarrestar los movimientos sociales indígenas, los gobiernos, como las empresas, han tenido que hacer caso de normativas internacionales como el Convenio 169 de la OIT y, para ello, han simulado la participación indígena en los foros y consultas –o la creación de grupos para la defensa de los pueblos–, de este modo se curan de enfrentamientos legales; argucias que han sido denunciadas por los pueblos.

En el Diagnóstico, análisis y propuestas (2017) de la COPLADE (2010-2016) que atraviesa los gobiernos de Calderón y Peña Nieto queda claro que, sin importar el tipo de gobierno federal (panista o priista), lo que está en la mesa es la continuidad de los megaproyectos. En este “Diagnóstico” pasa casi imperceptible la región mixe que tiene “una comunicación interregional deficiente”, pero que su aparición la muestra como una nueva posibilidad, como zona aledaña y de influencia para el corredor interoceánico.

A Enrique Peña Nieto le tocó promover las Zonas Económicas Especiales (ZEE), para dar continuidad al megaproyecto, además de impulsar la inversión china, sólo que ya no se trató de sólo un corredor de comunicación sino industrial, igualmente, intentaba rehabilitar la vía ferroviaria. En las ZEE querría enlazar la conexión pendiente con Chiapas y el sureste (para conectar con Centroamérica) y también con los estados de Michoacán y Guerrero. En este periodo también entraron otras intenciones en la industria, como la farmacéutica, por la Southwest Energy. El corredor se ve como un paraíso para diferentes empresas. Pero bueno, las intenciones de Peña Nieto también fueron soterradas, otro partido obtuvo el poder: Andrés Manuel López Obrador gana la presidencia con MORENA.

Las noticias se mostraban alentadoras cuando se anunció que AMLO eliminaba el proyecto de las ZEE, además de que, con la creación del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) y su dirección por parte de Adelfo Regino, luchador social mixe, originario de Alotepec, parecía que los megaproyectos llegaban a su fin, sin embargo, desde el Decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación (DOF) del 19 de noviembre de 2019, quedaba claro que la erradicación de las zonas especiales se debía a que “las mismas no han podido operar”, por no cumplirse los requisitos legales y no haberse “reportado inversiones públicas productivas”. Esto es, se requería de un nuevo proyecto que permitiera la factibilidad real y concisa del funcionamiento del corredor interoceánico como de otros proyectos pendientes en los estados de la república que enlazaran las economías con Centroamérica, Suramérica, Europa y Asia.

AMLO toma posesión el 1 de diciembre de 2018, para el 23 del mismo mes presentaba su Programa para el Desarrollo del Istmo de Tehuantepec (PDIT) y designaba a Rafael Marín Mollinedo como su director, junto con este proyecto retoma los pendientes como el Tren Maya –o Tren maLLa o Tren No Maya como lo nombran los colectivos mayenses–. Eso sí, pone mayor énfasis en las injusticias sociales y señala que su proyecto sí tratará de subsanar la pobreza. Pero aquí estamos, con el mismo proyecto de dominación sobre la región. Las zonas de influencia quedan demarcadas con todas sus letras, sin sutilezas, sobre los territorios mixes, chontales, huaves, zoques, zapotecas, nahuas y popolucas, aunque sin nombrar a los pueblos en específico. Los mapas que presenta sólo muestran una región ampliada y fantasmagórica (como los programas anteriores), así que es una tarea personal comenzar a cruzar la información cartográfica para poder señalar los pueblos afectados. A lo largo del corredor se crearán “zonas libres” para la inversión privada y con la modernización del ferrocarril del Istmo a Coatzacoalcos también pretende la construcción de un gaseoducto y una línea de fibra óptica para abastecer la demanda de las empresas y atender a los ciudadanos (en este orden). Para el proyecto requerirá dos recursos fundamentales: energía y agua.

En el Decreto por el cual establece la creación del Corredor, se declara a este organismo como público descentralizado, con personalidad jurídica y patrimonio propio, con atribuciones para celebrar todo tipo de actos jurídicos y de contratos, es decir, que pueda hacer lo necesario para concretar el proyecto. Asimismo, se declara al INPI como entidad responsable para velar por la identidad, cultura, costumbres y recursos naturales de los pueblos, además de coadyuvar en los procedimientos de consulta. Esto que parece positivo no lo es tanto, pues como los mismos pueblos han indicado existen arbitrariedades en los procesos, repitiendo las situaciones de otros años.

El meollo del asunto se encuentra en la legitimización de las consultas a los pueblos, en donde el INPI como “velador” de los intereses de los pueblos, evita acatar las decisiones para proteger los intereses del Corredor, o bien ¿se desconocen los detalles que afectarán a la región? Algunas zonas mixes no son afectadas por el corredor, pero sí lo abarcan los parques industriales. En este sentido, las recientes denuncias al chat pornográfico “Sierra XXX” por colectivos mixes y, especialmente, por la activista Yásnaya Aguilar (Ayutla) en el que aún no se confirma que Regino haya participado –Humberto Santos (Zacatepec) evidenciado como parte de la red digital que exponía a mujeres mixes, renunció (o fue destituido por el bien mayor) a la candidatura por la diputación local–, muestra cómo lo que se juega en las fichas de la política tiene como fondo los megaproyectos. A la contienda por la candidatura del Distrito Mixe-Choápam se sube otro compañero de las mismas mañas. Es de notar que los participantes mixes del chat son o eran parte del INPI, así que, ¿qué está operando a través de un grupo de personas mixes que trabajan para el Estado? Es evidente que el partido en el gobierno requiere ser mayoría para generar los proyectos detenidos (como cualquier otro partido en el poder), pero, aunque estos ganen, las movilizaciones sociales continuarán por la defensa del territorio –otra cosa es que los partidos de oposición estén de oportunistas–, pues la vida de los pueblos está más allá de las decisiones partidistas, llámese PRI, PAN o MORENA. El dispositivo de poder devora todo a su paso. Los intereses personales quedarán aplastados por los intereses transnacionales. El pueblo de Zacatepec, de donde es originario Humberto Santos, sí es parte de la zona de influencia del Corredor. La lucha en las relaciones de poder es la lucha de intereses.

Entre los objetivos del Desarrollo del Istmo de Tehuantepec 2020-2024 pueden encontrarse puntos que mueven los sentimientos de justicia, pero basta contrastarlo con la realidad. Sí, están los compromisos en conformidad con el Convenio 169 de la OIT, pero no las vías para que en caso de que un pueblo no acepte, el proyecto cambie. En todos los programas se da por entendido que los pueblos aceptarán el proyecto. También está presente el discurso para acabar con la pobreza bajo los mecanismos globales de progreso, pero no bajo la dinámica de mejorar la vida conforme los pueblos lo decidan. Para “convencer” a las comunidades se hacen recorridos en la región para ver la posibilidad de “ayudar”, a la vez que se valoran los “recursos humanos, materiales y operativos” con que cada uno cuenta. En este mismo sentido, no podemos dejar pasar desapercibido el anuncio de que el programa “Sembrando vida” que da un apoyo económico a los comuneros, se extenderá a los municipios oaxaqueños en donde influirá el Corredor. El proyecto del Corredor se abrió públicamente a la inversión extranjera, Surbana Jurong, empresa de Singapur, desarrollará el proyecto para conectar los puertos a nivel internacional (como se ha venido planeando: Asia, Europa y Suramérica), además de dos áreas económicas (Veracruz y Oaxaca).

Algo que está de manifiesto en las cartografías sobre los megaproyectos (Colmix, Geocomunes, Ejatlas) es que hay un cerco sobre la mayor parte de la región mixe, sobre todo, a lo que correspondería al Distrito, la extracción minera de metales (plata, oro) y no metales (arena, granito, mármol) ya están muy próximos para volver a operar, ahora en conjunto con la adjudicación del agua. Así que, MORENA deberá ganar este distrito (y otros) para que los proyectos se efectúen. La región mixe es rica en varios recursos naturales no lo olvidemos.

Imagen del mapa del territorio mixe ante proyecto del corredor interoceánico.
*Nota: Los ríos que se aprecian en los mapas, sólo son los representativos, en realidad la zona montañosa mixe es rica en ríos, manantiales, riachuelos, cascadas y demás afluentes.  

En el Programa para el Desarrollo del Istmo de Tehuantepec (2019) se establece la “gran riqueza en recursos hídricos” en la región del corredor, con ello quedan de manifiesto tres ríos: Coatzacoalcos (el más importante), Tehuantepec y Los Perros; de tres afluentes: Uxpanapa, Cuachapa y Cahuapan, además, por supuesto, de las corrientes subyacentes. Las ramificaciones acuíferas atraviesan la región mixe, desde los pueblos más cercanos al istmo (Guichicovi), como los más alejados (Cotzocón y Zacatepec). Todos los afluentes que pasan por los pueblos están dentro de la “zona de influencia”. Así, cuando superponemos el mapa de los programas gubernamentales con la región geográfica que ocupan los mixes, queda en evidencia que la zona de influencia (de la que casi no se habla), aunque oculto, está a la vista.

El agua es un asunto que no puede dejarse pasar, pues en caso de que no se obtenga el líquido vital, el gran proyecto quedaría nuevamente entredicho, así, por las disposiciones de que el proyecto se lleve a cabo, el apremio es grande, ¿de qué sería capaz un gobierno que ve truncadas sus ilusiones, más cuando existe una fuerte presión por parte de las empresas extranjeras que están invirtiendo? En Oaxaca se encuentran 64 de las 66 áreas certificadas como “riqueza natural”, las otras dos son de Veracruz. Para que este megaproyecto pueda realizarse se requieren de los recursos acuíferos y energéticos, los territorios y las costas: los que están en las comunidades indígenas.

No podemos desligar el Corredor interoceánico del enlace con otros megaproyectos, pues como se ha visto es un proyecto ambicioso de décadas (siglos). La presencia de la Guardia Nacional en la zona, lejos de atender la inseguridad, defiende los intereses de las empresas extranjeras. Esto nos recuerda la presencia del ejército en el Mayab, y la concesión del tren otorgada a la SEDENA, en gran medida, porque los pueblos mayas han ganado los amparos sobre el Tramo 3 y parte del 4, para evitar su realización, pero significa que el gobierno cambiará de estrategia para evitar que el proyecto se le vaya de las manos. Lamentablemente, durante este sexenio no han dejado de haber presiones sobre los colectivos indígenas y asesinatos de líderes comunitarios.

El corredor interoceánico sigue siendo una buena alternativa al Canal de Panamá. Hay muchas industrias que están en medio de este proyecto, nacionales y extranjeras (estadounidenses, canadienses, chinas, singapurense) y también de diferentes ramos (hidrocarburos, agroindustriales, comunicaciones, manufactureras, navales, mercantiles, mineras, etc.), puntos que favorecen a la inversión extranjera, pero que mantiene y acrecienta la dependencia económica de la región, todavía más, cuando los comuneros pierdan sus tierras y se vuelvan obreros asalariados sin hogar. Las fronteras económicas (creadas por las inversiones extranjeras de diferentes nacionalidades) son los nuevos lindes, las fronteras políticas sirven para preservar dichos límites. Si los pueblos desearan entrar al sistema-mundo debería de ser bajo sus términos, no por imposición. 

La conexión de la vía transístmica (Istmo-Coatzacoalcos) con la vía del tren maya (península), recordemos, es por Campeche, ¿acaso no es el estado en el que se tiene prisa por vacunar y que empiece la vida económica de forma inmediata? No es fortuito, es parte de la unión de megaproyectos. La Línea de Chiapas es la que se unirá con Guatemala. Así, esta parte del sur de México se unirá con los proyectos centroamericanos, pero también el Corredor tendrá la virtud de que se pueda unir con los proyectos andinos y amazónicos. No olvidemos que el Corredor sólo es un engrane en la gran maquinaria de las macroeconomías. Los países de Bolivia y Brasil también tienen urgencia en que los megaproyectos se realicen. Lo que queda de manifiesto en la historia del proyecto del corredor interoceánico con respecto a los pueblos mixes –como de otros– es el punto de control económico, político y bélico, que ha pretendido ser, a costa de sus vidas.

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*Ana Matías Rendón. Directora de Sinfín: Revista Electrónica. Escritora. Es licenciada en filosofía y maestra en estudios latinoamericanos. Últimas publicaciones: “El registro del espacio-tiempo mixe y su (re)inicio”, » (ensayo) y La discursividad indígena (libro).

Una versión breve de este artículo fue publicada en el Suplemento «Ojarasca» de La Jornada, no. 288, 10 de abril de 2021.

El artículo completo fue publicado en Boletín Sin Censura, diciembre 2021.

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